Un pensamiento distinto

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A menudo me preguntan:¨¿para cuándo el bebé?¨

De acuerdo, hace casi siete años que estoy en pareja, seis de ellos llevo en convivencia, y a los ojos de los demás podría decirse que el mío es un ¨matrimonio estable¨… Pero esos ¨ojos de los demás¨ se acostumbraron a ver lo clásico y tradicionalista de la vida, su mirada no trasciende los límites de lo aprendido, no se identifican con un punto de vista diferente… porque cuando respondo a esa pregunta: ¨aun no queremos tener hijos, queremos hacer muchas cosas antes de ello¨… siento que no entienden cuáles serían esas otras cosas, como si su mirada inquisidora limitara mi fin en la vida al sólo hecho de ser madre. Y es que si somos una pareja sólida, y si convivimos y nos llevamos tan bien… que esperamos para tener un hijo??!! Su punto es entendible, pero también cuestionable. Hasta aquí mi respuesta sutil… y aquí mi pensamiento en crudo: y quién dice que una persona en su vida debe necesariamente casarse y tener hijos?

Repasemos la existencia de una persona: nace, crece, envejece y muere. Durante estas fases, sobre todo en las primeras, se le enseña absolutamente todo… el proceso de enseñanza-aprendizaje es vital para la supervivencia, pero luego, en el resto de las fases, se le enseñan otras muchas cosas a las que considero poco útiles, porque traban radicalmente el natural desarrollo de su persona y de su esencia como tal: que tiene que aprender idiomas y computación, elegir una carrera universitaria para recibirse y ser un profesional, porque a eso va a dedicarse toda su vida… y más tarde casarse y tener hijos. Todas las personas atravesamos momentos de crisis personales. No es casual que en algún momento nos cuestionemos si lo que estamos haciendo de nuestras vidas, es lo que realmente queremos hacer. Y no es casualidad tampoco que muchas veces nos encontremos con que, lo que estamos haciendo, es lo que nos enseñaron, nos inculcaron, y lo que esperaban de nosotros… pero no es lo que en realidad deseamos, lo que como individuos nos hace felices. La cultura y la sociedad tienden a monopolizar las acciones de las personas, a quebrar esta individualidad. Es fácil darse cuenta de esto, pues la mayoría persigue como meta recibirse de tal o cual profesión, casarse con una persona que comparta las mismas metas (y hasta a veces los mismos gustos porque así tienen cosas en común), tener hijos a los que enseñarle su profesión, la que han ejercido toda la vida… Esto es para mí subestimar y encasillar la existencia humana a unos fines culturales, que aseguran el desarrollo de un ser social, pero no del verdadero ser natural. Nos acostumbramos tanto a actuar nuestro rol social que descuidamos de igual manera nuestro ser natural: el de nuestras emociones y sentimientos más profundos, el que realmente nos conecta con el universo y nos hace disfrutar este regalo único de la vida. Si es cierto que ¨vida hay una sola¨, no puedo creer entonces que se les pase por alto a las personas disfrutarla. Además no creo que alguien disfrute ejercer una misma profesión, poner en práctica siempre un mismo y único conocimiento toda una vida! Las situaciones por las que atravesamos y las personas que conocemos nos hacen cambiar, crecer. Y puede que en esto hallemos gusto por aprender y hacer cosas nuevas, y no siempre lo mismo. Puede que lo que a nuestra esencia le haga feliz, no se corresponda con el tipo de vida que se nos ha enseñado. Es necesario que pensemos en esto, para resolver esas crisis personales y esos conflictos internos provenientes de la constante puja que existe entre lo que queremos y lo que, según la sociedad (llámese padres, abuelos, maestros, pares, etc, etc, etc), debemos hacer.

Sostengo que en tanto y en cuanto lo que deseemos ser y hacer, podamos realizarlo en armonía con todos y sin dañar a otros o al mundo, debemos hacerlo. Este fue el resultado de una crisis personal de ese tipo, cuyo puntapié lo dio la pregunta del inicio. Al darme cuenta, quebré la monotonía de mi vida en un momento en que mi yo natural hincó y salió a flote: aunque estén dadas todas las circunstancias, aun no quiero ser madre. En primer lugar porque considero que uno no debe pensar o proyectar ¨tener un hijo¨ sino más bien preguntarse si realmente desea ¨ser padre o madre¨, ya que es ésta una tarea tan dulce como difícil. En segundo lugar, porque prefiero hoy dedicar mi vida a disfrutar la juventud y el amor, a viajar, a emprender un nuevo proyecto, a leer los grandes y verdaderos maestros que son los libros, y a hacer lo que cada mañana cuando me levante, tenga ganas de hacer…

Habrá quienes se identifiquen con mi discurso y quienes con ¨esos ojos¨ lo consideren una aberración. Disculpen mi ironía, lo cierto es que esto es lo que pienso y lo que siento. Porque pude salir de ese yo aprendido para vivir mi yo natural, primitivo e intenso, el que me hizo sentir. Si cada persona y cada vida es única e irrepetible, cuestiono: por qué debo repetir lo que otros hicieron? Por qué debo perder mi individualidad para sumirla en una masa de gente que hace y piensa de igual manera?

Creo en la formación de una persona, en los logros que puede alcanzar y brindar al mundo a partir del conocimiento en un área o profesión. Creo también en la familia pero como institución natural, no cultural. Creo en tomar y preservar lo enseñado por nuestros mayores… pero cuestiono el sentimiento de aquellos que lo hicieron: fue por seguir lo pautado? o fue producto de una elección personal? Porque también, y fundamentalmente creo en la experiencia individual. No me considero una rebelde ni una liberal de pensamiento. Tan solo prefiero descubrir por mi misma qué es la vida, y disfrutar el tiempo que Dios me ha regalado en este mundo.

AUTORA: FIDE.


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