Matrimonio gay

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Se aprobó la ley de matrimonio gay en la Argentina.
En este punto ya se habrán dado cuenta de que no soy justamente una fiel seguidora del sistema. Me refiero al sistema social, que engloba a la política, a la economía y por ende, a las leyes. Tengo muchas críticas a la forma en que se hacen las cosas, por así decirlo.
Muchas de las Leyes Argentinas se hallan viciadas de contradicciones. Esto ocurre porque al momento de su confección o creación, las cosas eran diferentes. No pudieron contemplarse las situaciones futuras, pues por tales, aun eran desconocidas. Esta situación de todas formas, tiene su amparo legal. Pero no es eso lo que interesa sino que, dichas contradicciones podrían suplirse a partir de las correspondientes actualizaciones de las leyes, pero como sabemos, modificar un artículo de una ley le insume al Parlamento más tiempo de lo que dura la gestión de cada funcionario.
Creo que es muy difícil llegar a la raíz de un asunto para entenderlo, debido a que operan en él una cantidad innumerable de situaciones y de elementos que se cruzan y se vuelven a cruzar, en la historia y en la actualidad, formando una red y generando una realidad interesante… y confusa. En otras palabras: Cómo llegamos a esto?!

Es sabido que ¨las cosas se hicieron mal desde el principio¨ y también que ¨hay que seguir¨, tratando de que éstas salgan lo mejor posible. El argentino ya se ha acostumbrado a esto de vivir el día a día, de no hacer proyectos (sobre todo financieros) a largo plazo, porque el mañana de la Argentina deviene incierto. Pero hay cosas a las que no puede acostumbrarse… Hay cosas que exceden a nuestros principios y creencias, a nuestros anhelos de una Argentina mejor.
Me considero una persona con mentalidad abierta. No tengo edad suficiente para decir que lo he visto todo, pero si he visto mucho. Y esto definitivamente no me parece aceptable: si legalmente constituyen la sociedad del matrimonio, legalmente podrán adoptar un hijo. Este es un derecho, en principio, solo reservado al matrimonio tradicional o heterosexual. Pero pronto se hará extensivo al matrimonio gay, lo cual constituye una aberración.
La sabia naturaleza nos ha enseñado que, para crear una vida dentro de la especie humana, se necesita de un hombre y de una mujer. Así, y solo así, se tiene un hijo. Amén de los avances tecnológicos que permiten hoy practicar una fertilización in vitro, una inseminación artificial o cualquier otro tipo de reproducción asistida, podemos concluir todos en que un hijo aparece cuando se unen el esperma de un hombre y el óvulo de una mujer, cuando entran en juego los aparatos reproductores de dos personas de distinto sexo. La fórmula natural es: masculino + femenino. Si la naturaleza así lo dispuso, hagámoslo así… como dije, es sabia.
El matrimonio tradicional tiene el derecho legal y natural a la adopción. Naturalmente están preparados para ser padre y madre.
Ahora bien, con respecto al matrimonio gay, no estoy en contra de su unión civil, legal y si así lo prefieren, cristiana. Aunque tardará mucho tiempo hasta que sean aceptados por la institución de la Iglesia. Si estoy en contra de su deseo de ser padres, de tener un hijo. No apoyo mi creencia en bases culturales, sino naturales.
Respeto su derecho a la libertad de elección y a la igualdad social. Pero nunca van a alcanzar una igualdad natural. Las leyes de la naturaleza, que debieran ser contempladas por las leyes del hombre, no los amparan en este sentido. Creo que deben ser conscientes de que su elección sexual conlleva necesariamente la imposibilidad de procrear. Y aquí, podemos ver uno de los puntos en que este entretejido de situaciones y de elementos se cruzan, pero en vez de mostrar una realidad confusa, ésta puede hacerse legible: la ley falla una vez más. Si amparó legalmente la unión de dos personas del mismo sexo en matrimonio, cómo no fue capaz de contemplar esta simple, clara y natural incapacidad? Lo que no admito es, no la unión gay en sí, sino los derechos que por ley van a corresponderle. Creo inaceptable que las leyes de nuestra sociedad que deben velar por, y procurar el ordenamiento social, hayan soslayado un derecho natural que solo corresponde a los heterosexuales. Aunque no les guste escucharlo es así, y no voy a reparar en decirlo con otras palabras: las personas homosexuales no pueden tener hijos.
Existe una diferencia y una gorda brecha entre deseo y derecho. Respeto sus derechos, pero no así sus deseos. El ser padre o madre, el tener la responsabilidad sobre nada más y nada menos que la vida de un niño o una niña, es algo a lo que no pueden acceder, aunque así lo deseen. No estoy emitiendo un juicio de valor, no juzgo si serán buenos o malos padres, solo afirmo que no pueden serlo.
Tener un hijo es un don, no un derecho. Está bien que la ley conceda el derecho a este don, a una pareja heterosexual que fue privada de obtenerlo por vía natural. Pero en el caso de la pareja homosexual, no es correcto que la ley les otorgue el mismo derecho, cuando la naturaleza ha dispuesto que no les corresponda ese don.
En el afán de lograr la igualdad social de las minorías, o de asegurarse unos cuantos votos y la continuación en el gobierno, se ha faltado a un principio universal, a un derecho natural que sólo es propio de un hombre y de una mujer.


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Publicado por bloggordo.


     


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