Play

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A veces las cosas son así y no hay q darles muchas más vueltas… he leído por ahí. Pues sí, tal vez, simplemente haya que dejarlo estar.

Aquí estoy de nuevo, fumando un cigarrillo que cogí de tu cajón y debatiéndome otra vez entre lo que creo que quiero y lo que no. Paseandome un rato con la incertidumbre… Me he topado con la realidad, me he dado de bruces con ella y he visto que por mucho que nos empeñemos en formar parte el uno del otro no tenemos nada que nos una. Hoy no, no sé si lo hubo o si lo habrá, pero hoy no. Y es que te miro y veo lo lejos que están tus ojos, perdidos en un mundo lleno de prioridades y de cosas importantes de las que nunca formaré parte. Y yo he aparcado las mías, las he puesto en pausa y cuando pulso el botón del “play” sólo suena tu canción. Tu maldita canción que habla de estrellas y lunas que nunca alcanzaremos. No sé donde estás, ni sé donde estoy. Pero hoy me he mirado al espejo y he dicho ¿quién es esa niña tan sola? Y tú no estabas para darme los buenos días. Me has prometido que vuelves, y te creo. Pero sé que mañana te irás de nuevo.

Fue un terrible error dejar que trajeras el cepillo de dientes a mi cuarto de baño. Ni aquí ni allí, no estás en ningún sitio yo te echo de menos en todos.

Te extraño en cada respiración.



Estrellas de mar

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Hoy sólo puedo sonreir al pensarte, porque después de algunas lágrimas y siempre de una forma muy tuya, (no vayamos a olvidarnos), me has dicho “Sí, claro que me importas” Sólo una frase, que has dicho entre gestos, miradas y alguna palabra suelta y ya se abren las puertas a ese mundo extraño en que de vez en cuando moramos los dos. No tengo que contarte que ha salido el sol, que reimos hasta caer rendidos y volamos por encima de las nubes.Estoy aquí contigo, sentada en la hierba. Esta vez no tienes prisa ni pausa.- Cuéntamelo otra vez -dijiste mientras recorrías las líneas de mis manos con tus dedos.- ¿El qué?- Ese cuento de las estrellas de mar.

Un escritor que estaba en su casa de la playa terminando su última obra, todas las mañanas, muy temprano, salía a pasear por la costa unos minutos antes de empezar su trabajo. Esa mañana observó, en la distancia, a un joven que parecía estar bailando… corría hacia el mar, levantaba sus brazos, daba la vuelta y volvía a repetir el movimiento una y otra vez.Lentamente, el escritor se fue acercando al joven, hasta que, al aproximarse, vio que en realidad estaba recogiendo algo de la arena y que luego se acercaba al agua para lanzarlo mar adentro.Ya más cerca, vio que el joven tomaba estrellas de mar que habían quedado en la arena al bajar la marea y corría hasta el agua para arrojarlas tan lejos como podía.

Al llegar a su lado, el escritor le preguntó:- Buenos días, ¿qué estás haciendo?- Salvo estrellas de mar antes de que el sol las deshidrate y mueran -contestó el joven, sin abandonar su empeño.- Pero, ¿no te das cuenta que es una tarea inútil? -le dijo el escritor-. En estos momentos debe de haber miles o millones de estrellas que quedaron fuera del agua y jamás podrás salvarlas a todas.El joven se detuvo sólo un instante, miró la estrella que llevaba en la mano en esos momentos, luego giró su cabeza hasta enfrentar los ojos del escritor, y le dijo:- No importa; quizá no pueda salvar a todas, pero al menos esta que tengo en la mano notará la diferencia… -y continuó febrilmente con su tarea.El escritor meneó su cabeza, completó su caminata y se sentó a continuar su trabajo. Sin embargo, algo lo incomodaba y daba vueltas en su cabeza.”Al menos ésta notará la diferencia”A la mañana siguiente, muy temprano, un caminante ocasional advirtió con asombro que dos personas – una mayor y otra más joven- parecían bailar junto a la playa… corrían hacia el mar, levantaban sus brazos, daban la vuelta y volvían a repetir el movimiento una y otra vez.Lentamente empezó a acercarse para ver qué ocurría…- Me gusta como lo cuentas -me dices con esa sonrisa tan tierna en la boca.- Gracias…- A ti- ¿Por qué?- Por regalarme cascabeles. Hoy he notado la diferencia… como la estr…- Sí, como la estrella de mar.Y después esas ganas locas de comerte a besos



Que se esconda el sol…

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Hoy me pesa la vida. Me pesan todos los besos que me has dado, y sobre todo, todos los que no me das. Me pesan todas las palabras que no navegan en tu saliva, todos los silencios que llenamos con miradas, y todos los que dejamos vacíos. Esta mañana estoy cansada y quiero irme a dormir mucho antes de que se esconda el sol… que se esconda el sol… que se esconda… O tal vez sea yo la que quiero esconderme en mi baúl lleno de tétricas muñecas con la cara de porcelana, que me recuerdan que alguna vez fuimos niños…

No estoy tan triste como para que no me importe si el mundo gira al revés esta mañana. No me da igual, no quiero llorar abrazando la almohada y masticando frases de autocompasión que aprendí en las telenovelas de la 2… No quiero esconderme. Quiero que vengas con el sol a cuestas y me cuentes que has metido un trocito en un frasco para que me ilumine el día. Quiero, que por una vez, seas tú el que me enseñe, que a pesar de estar lloviendo, ha salido el arco iris

Hoy creo que nada tiene sentido, y me desmorono. Se desmorona todo en lo que creo, lo que soy, lo que quiero ser… Todo lo guardo hoy en el trastero, entre un montón de ropa vieja que dejé por si volvía la moda de las hombreras…
Así que ahora, sin mis millones de duendes susurrandome al oído, me siento perdida. Y creo, que recorreré tres o cuatro calles, caminaré por el mundo exterior y, asustada, correré a mi trastero, a esconderme en mi baúl de muñecas y a soñar con los colores que se te ha olvidado enseñarme.

Esto no es un llanto, es un grito de auxilio.



Relatus patheticus

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En el capítulo primero, versículo veinte de mi vida no se cuenta, como en casi ningún otro, historia nueva ni extravagante

Después de un cigarro, un par de “nuestras” canciones y un poema, surge una hipótesis patética… No es que esté así por que te hayas ido; simplemente soy así.

El des/animo que arrastro sin ti, lo tendría igual aunque no te hubiera conocido, por que no es tu ausencia, sino lo que ella representa.

Es decir, aunque no existieras, estaría igual: extrañándote. (Sería peor si estuviéramos en época de lluvia)

Luego, el extrañar, así pensado, no es otra cosa que una de las arcadas que provoca la soledad. Otra manifestación del omnipotente egoísmo que dirige a los hombres y, que a mis veinte, –empiezo a reconocerlo- me domina oculta y soberanamente.

He vuelto a leer el poema que acabo de escribirte inflamado de nostalgia: (nostalgia; segunda arcada de la soledad, que es al extrañar, como el bote a la pelota).

Cuando te vayas,
Con tu determinación a cuestas,
llévate contigo mis insomnios,
sus silencios estirados,
tu perfume de mi nariz.

[Ésta dolorosa sonrisa repentina…]

Llévate los martillantes versos
de las noches,
el viento y su murmurio de coches.

Mis canciones en tu voz,
mis caricias con tu piel.

Mi lápiz, sus ocurrencias,
mis sábanas, su indecencia,

el cansancio de mi silla,
mi pereza, sus cigarrillos…
mis manos en tus bolsillos.

Ojalá mi encierro y sus llaves,
mis huellas en tus zapatos,
el nombre de mi calle.

(Aquel par de verdades
este millar de mentiras)

los poemas que nunca te di,
las promesas que no cumplí.

Los horarios y su arrogancia,
La cobardía de
mi inconstancia.

(la necesidad de amar
el verbo recordar)

La sombra de mis ojos,
mi lengua, mi ropa,

la letra y la música,
el lunar de mi boca…

Cuando marches, desertora,
cuando leas la última
letra de nuestra página,
llévate contigo mi vida:

Es tuya.

Naturalmente, media hora después, me doy cuenta que, pobrecito de mí, me sentía tan mal que recurrí a la autocompasión (por fin, el vómito de la soledad) y me escribí un poema.

En él te pido que me lleves contigo. Lógico, si no me aguanto solo…

La verdad del poema -detrás de su lirismo exagerado- es que te necesito para que me levantes cada vez que, románticamente, caigo y me revuelco en mis heces.

Te necesito (asumo que comprendes el eufemismo, en realidad necesito de alguien) para que me digas lo valioso que soy y repitas las cosas importantes y especiales que has aprendido conmigo, de mi.

Luego, los dos buscamos lo mismo, mas yo no supe ayudarte a cargar con tu egoísmo –por puro egoísta- y decidiste pragmáticamente dejarme: “limpia solo tu mierda, que yo voy a buscar quién me desinfecte un poco de la mía”, pensaste.

En consecuencia, desertora, te aburriste de jugar al nido y, con tu vagina y tu determinación a cuestas, te fuiste sin llevarte otra cosa –por mala suerte para mi poema- que tu afán de encontrarte, es decir, las nauseas de tu soledad.

Soledad, que es en conclusión (esta frase la estoy robando a algún famoso cuyo nombre olvidé) nuestra única propiedad privada.

En el capítulo primero, versículo veinte de mi vida no se cuenta, como en casi ningún otro, historia nueva ni extravagante. Apenas la historia de marras del des/amor; hijo mimado y tunante del egoísmo.

Creo que volveré a escuchar esas canciones y a recordar tus hombros, el cuerpo me exige aún vomitar.

Finalmente soy apenas un niño que también cargo con un sexo y algo de determinación.

Voy a buscar tu foto… quizás escriba otro poema.

Por Marco Montellano



UN POETA ENAMORADO

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“El estruendo ensordecedor hizo temblar las ventanas.
Un poeta enamorado, sin musa, sin dicha ni desventuras
ha estallado en cólera inundando pastizales con sus lágrimas…
incendiando arboledas con su furia.

Aplasta sueños y refugios de un largo duelo,
reviviendo las noches que lo distancian del último adiós…

Una poetiza enamorada, sin dicha, desventuras ni poeta
lo observó flotando en un vasto espejo de agua.
Recuerda su rostro e ignora el talento que yace en sus manos…
él es quien solía observarla…
pudo notar el deseo de sólo pensarla tocando su alma,
acordes perfectos y curvas formadas…

Llego hasta él y fue su balsa, su dicha, su musa…
en sangre quedó tatuada de cuerpo entero y con alas;
las llamas que hoy la envuelven ocultan una mujer…
una vieja fantasía de su vida pasada.
Ambos fueron poetas, también mutua inspiración
pero el tiempo despiadado, con las agujas girando
no detuvo su reloj llevando consigo al mortal…

Otro estruendo ensordecedor por fin rompió las ventanas…
la poetiza desconsolada ya no sería musa ni enamorada…”

Autor: Iván Augusto Abbate



Puntos Suspensivos

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“El dulce desconsuelo, amor no correspondido,
se goza entre cautivos como un encanto trivial…
es un espejo virtual que aún los refleja vivos.
Idealizando perfecciones, colocando pedestales…
esperando la tormenta, fabricando coincidencias
y tres puntos suspensivos susurrados al oído
representan la lujuria desde un lugar lejano.
Alentados de la mano aceptan sendos destinos…
caminando par a par, con un pie en cada vereda,
se echarían a volar a pesar de estar atados.
El nudo es débil, precario, no puede amarrar excusas,
sólo no se atreverían porque están acostumbrados…”

por Iván Augusto Abbate
ivanabbate@hotmail.com



Alza los ojos y mírame

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Alza tus ojos, mi amor, mira el cielo y las nubes me ven, me ven en las estrellas, el vuelo de una mariposa que se posa en cada flor, en la sonrisa de un niño, me ven en la esperanza, me ves en tu vida, en poemas escritos por un poeta, Verme en tu corazón, en cada frase, y en casi todos los beso, y en casi todas las acariciar en tu piel.
Ven a verme, mi amor, para siempre, y nunca me dejes.

poemas de amor cortos